Por: Diana Arango
El espejismo del clic
***La bancarización forzada y la vigilancia digital en el México de a pie
Con la frialdad de un martillazo burocrático, la Cámara de Diputados consumó el atraco, con 330 votos a favor en lo general y 327 en lo particular, la autodenominada “representación popular” aprobó la Ley de Pagos Digitales. Tras la narrativa tecnocrática de la “modernización”, la “inclusión financiera” y la “eficiencia”, se oculta uno de los zarpazos más agresivos contra la privacidad y la autonomía económica de las y los mexicanos en la historia reciente.
Nos lo venden como un avance hacia el futuro, pero no es más que una trampa de control social y corporativo, bajo el pretexto de “masificar” las transacciones electrónicas en los tres órdenes de gobierno y el sector privado, el Estado mexicano entrega la soberanía económica del pueblo a los grandes consorcios bancarios y plataformas financieras.
El corazón de esta ley es una guillotina silenciosa, el Expediente Digital Ciudadano vinculado a la CURP digital como llave de acceso al sistema financiero. ¿En qué momento acordamos convertir nuestra identidad biológica y fiscal en un token digital controlado por la Secretaría de Hacienda y el Banco de México? En un país donde la filtración de bases de datos gubernamentales es el deporte nacional y el crimen organizado extorsiona con información oficial, centralizar la vida financiera de la población en un expediente único no es modernidad, es negligencia criminal y desprotección absoluta.
La ley presume “regular los cobros con QR” y “garantizar” el uso de efectivo en casos de contingencia técnica. ¡Vaya limosna!. Quienes legislan desde sus curules climatizadas y los privilegios a costa de nuestro bolsillo en San Lázaro olvidan —o ignoran deliberadamente— la realidad del México profundo.
Olvidan al comerciante informal que vive al día, a la tiendita de esquina, a los millones de trabajadores que sobreviven fuera del circuito financiero formal porque la banca tradicional solo ofrece comisiones usureras y desatención. ¿Qué pasará cuando el sistema falle o el efectivo sea marginado por la inercia del mercado regulado? La respuesta es simple, parálisis y exclusión, esta ley no busca democratizar el dinero; busca fiscalizar hasta la “última moneda” y meter a la fuerza a toda la población en un “corral financiero” donde cada café, cada pasaje y cada taco servirá para engordar los libros de contabilidad de los bancos y alimentar el algoritmo de supervisión del SAT.
Se trata de la bancarización forzada del pueblo bajo el disfraz del progreso, de la cuál nunca se nos consultó, nada más faltaba que echarán una moneda al aire, para que fuera a la suerte, pero tan mala suerte se tiene con esta administración morenista que es imposición, autoritarismo total.
No nos engañemos, la eliminación paulatina del efectivo no elimina la corrupción de cuello blanco, ni detiene el lavado de dinero de los políticos y de los grandes carteles, desde hace décadas en navegar el sistema financiero internacional.
A quienes asfixia es a los de abajo, a los que dijeron protegerían, la Ley de Pagos Digitales no es un logro legislativo; es la renuncia formal al derecho a la privacidad monetaria y la entrega de nuestras transacciones cotidianas a la lupa del Estado y al negocio de los bancos, el clic no nos hace libres; nos deja con la cuenta fiscalizada y las manos vacías, así las cosas con la cuarta desorientación.
