Desafío MARTES 6 DE OCTUBRE DE 2026*La Paz Tambaleante

Desafío MARTES 6 DE OCTUBRE DE 2026*La Paz Tambaleante


Por Rafael Loret de Mola
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No existe anhelo mayor entre las naciones que el imperativo de vivir en paz, como ya refirió el Benemérito cuando apuntó que ésta solo se alcanza con el respeto al derecho ajeno. Nada más cierto. Por ello es una cruel paradoja que los seres humanos alimenten este propósito y sus dirigentes los destruyan, a través de los tiempos, con su soberbia palaciega, su adherencia al poder y la nefasta corrupción que los captura mientras el pueblo -bueno y sabio o sumiso y aguantador- viva el espejismo de un pacifismo que, por desgracia, mucho se parece a la cobardía que mantiene una superioridad grosera de sus respectivas clases políticas.
Así, en nuestro México, cada que se anuncia alguna manifestación de protesta o como reacción a los actos de gobierno intolerante, siempre se exalta la necesidad de que se actúe pacíficamente, sin deterioro alguno ni mucho menos vandalismo, para evitar la represión de quienes solo cuidan el orden cuando sienten amenazado al sistema y creen, de firme, en el oprobio de la violencia física para acallar voces y derribar cualquier atisbo de rebeldía frente a los ejercicios gubernamentales absurdos e intolerables… como, por ejemplo, la cálida relación de las autoridades con los peores sicarios del narcotráfico.
Se habla, igualmente, de tres principios ineludibles: la libertad, la justicia y la democracia como derechos humanos inalienables. El conflicto es que cuando el sectarismo se convierte en pendón suelen los ocupantes, sean perentorios o permanentes, interpretar los hechos de manera que aparezcan culpables entre quienes denuncian los excesos y claman por rescatar el oxígeno de la tranquilidad para poder coexistir sin el flagelo de la violencia.
Lo explico mejor: como resultaría inverosímil, de toda forma, creer en la democracia de los criminales que imponen su ley con el sometimiento hijo de la violencia, los grandes “capos”, en el caso de México, requieren de complicidades mayúsculas entre los personeros del gobierno, atados de manos, por la diferencia notable entre el poder de fuego de los cárteles y la vulnerabilidad de las administraciones municipales, estatales y federales, cuya secuela lleva inevitablemente hacia el colapso de la razón y el entreguismo inaudito del poder público ya sea por amenazas o por justificaciones pueriles como la de la ambición sin límite creyendo que así se protegen cuando ocurre todo lo contrario: los empresarios más ricos y NO venales pagan las consecuencias de la extorsión que escala paulatinamente hasta llegar a las alturas, esto es la presidencia de la República, considerando que el blindaje es suficiente si viene de ésta y, sobre todo, con la hija maldita del contubernio: la impunidad.
Nada sería mejor que nos dejaran en paz, pero no es así. La ciudadanía se ha convertido, sin remedio, en rehén humillado de los poderosos dispuestos a medrar con drogas y armas creyendo con ello que no hay techo para ellos porque gozan de una protección a todas luces amoral. Y, por supuesto, los agravios se extienden: doce años ya de la “desaparición” de 43 jóvenes normalistas de Ayotzinapa, veintiuno desde la ruin explosión de la mina de Pasta de Conchos cuando los mineros y sus familias fueron abandonados a su suerte, el mismo lapso trascurrido de aquella brutal imagen de los bebés quemados en Hermosillo, tres años bajo la guerra en Sinaloa extendida a otras entidades amén de los magnicidios de 1993 -el sacrificio del Cardenal José de Jesús Posadas- y 1994 -los asesinatos a quemarropa de Colosio y Francisco Ruiz Massieu-, y tantos otros hechos que escarnecen el cuerpo místico de la República convirtiéndolo en destazado cadáver bajo el fuego de los intocables. La 4T llegó para confirmar y ampliar los crímenes y masacres como en ninguna otra época. ¡Y todavía hay cínicos (as) que se carcajean dictando pueriles versiones para mantener como suyos los principios morales que han pisoteado!
Las muestras recientes son múltiples: el cobijo de la llamada “presiden-TA” Claudia Sheinbaum a sus intestinos morenistas criminales, el escándalo mayúsculo del recrudecido huachicol fiscal con desviaciones jamás vistas, hasta de más de 600 mil MDP, bajo el mando de una Marina ahogada por los océanos del mando hipócrita, la increíble desvergüenza de Adán Augusto López Hernández que encubre, y lo reconoce, al criminal Héctor Bermúdez Requena y su barredora, el silencio sobre el ejército de la secta “Luz del Mundo” que fue liberado grotescamente pese a los delitos cometidos por el mismo, la atroz tala de árboles de maderas finas en el sureste que salieron hacia Guatemala, con la complacencia del embajador mexicano Romeo Armenta -pareja sentimental e interesada de la truculenta, que no suculenta, Layda Sansores Sanromán, gobernadora de Campeche-, mientras se trazaba el costoso e inoperante “tren Maya”, además del caos en los aeropuertos de Tulum y el AIFA, y la intolerable e infecta utilización de la Refinería de Dos Bocas como centro neurálgico del combustible alterado. Toda una conjunción de miseria humana bajo el tutelaje de un régimen sin el menor sentido de futuro y entregado, por ende, a los grandes cárteles que, sin duda, construyen el camino hacia el abismo.
Y lo anterior es apenas una síntesis del dolor general extendido por el temor a reaccionar ante la impudicia gubernamental que ha destazado a los poderes de la Unión, primero con una ilegal sobrerrepresentación en las Cámaras -con el visto bueno de un INE que dejó de ser imparcial-, y después con la guillotina de la tómbola y los acordeones para sugerir que el “pueblo” -esto es menos del diez por ciento de la población-, había determinado el destino del poder Judicial con todo y su peculiar Tremenda Corte, la misma integrada por un círculo de ignorantes cuyo presidente, Hugo Aguilar Ortiz, requiere de ciento dos consejeros para poderse enterar de sus funciones, jamás de sus límites.
Tal es el caos en el que estamos inmersos. Por ello sostengo que la construcción del futuro no puede constreñirse a una paz violentada que no se encamina a la justicia, la libertad y la democracia, sino que las acota y, in extremis, las fulmina. Los caminos hacia una vida pacífica, garante del futuro de nuestros hijos y nietos, resultan ya una interpretación de la utopía justificada desde las voces profanas de los ineptos y corruptos que nos gobiernan.
Esto lo dicen buena parte de los mexicanos -no todos porque no son pocos quienes justifican lo narrado para no perder sus canonjías-, cada vez en voz y tono más bajos por el miedo. En este punto debiera comenzar la lucha -ya no tan pacífica- por la redención del país.
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E-Mail: loretdemola.rafael@yahoo.com
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