ÁNGULO CERO

ÁNGULO CERO

Por: Sabina Marco Pimentel

Del estandarte del culto, a la degradación del republicanismo en San Lázaro.

El Congreso de la Unión existe en la arquitectura constitucional como el órgano deliberativo de la Nación y como el contrapeso fundamental frente al Poder Ejecutivo. Sin embargo, la reciente exhibición de un lienzo con el rostro de la titular del Ejecutivo en el Pleno de la Cámara de Diputados, orquestada por legisladores de la coalición gobernante en pleno debate del Paquete Económico, representa un episodio de grave, burlarse del pueblo una vez más, la clara degradación de la vida institucional y parlamentaria del país.

​Que en la máxima tribuna del Poder Legislativo se priorice la escenificación patriarcal e ideológica —llegando al extremo de apelar a analogías históricas infundadas sobre las gestas de la Independencia— degrada la investidura de los representantes populares y desvirtúa la naturaleza del recinto legislativo.

La función primordial de las bancadas parlamentarias en discusiones presupuestarias no es la adhesión incondicional ni la rendición de pleitesía al Ejecutivo, sino la fiscalización rigurosa, el debate técnico y la defensa del interés público. Este tipo de conductas trascienden la mera anécdota política para instalarse en una dinámica de personalismo y disciplina ciega que evoca las facetas más regresivas del sistema político mexicano.

Convertir la sesión parlamentaria en un foro para la exaltación de la figura presidencial debilita la división de poderes, erosiona la legitimidad de la Cámara Baja como espacio plural de neutralidad institucional y manda un mensaje inequívoco, el culto a la figura gubernamental se coloca por encima del mandato constitucional de rendición de cuentas.