Por: Diana Arango
Ni pancarta ni metralla ¡Meme, risa y batalla!
Esta semana en humor de trinchera, cuando el meme le quita el disfraz al Estado mexicano.
Dicen los libros de historia que las grandes revoluciones comenzaron con manifiestos solemnes, huelgas multitudinarias y discursos incendiarios en plazas públicas.
Qué aburrido, en el siglo XXI, la verdadera trinchera contra la voracidad neoliberal y las garras del capitalismo salvaje, no necesita fusiles ni pancartas de tela, necesita una plantilla de Bob Esponja, un par de faltas de ortografía a propósito y una dosis letal de sarcasmo.
¡Ah!, el sublime encanto del meme rebelde, esa obra de arte postmoderna que, en menos de tres segundos, le arranca la máscara de “gobierno humanista y progresista” así como la tan señalada austeridad republicana de la administración guinda, de traje a medida y discurso de Power Point.
Porque admitámoslo, no hay foro económico ni debate parlamentario que desmonte la narrativa oficial con la eficiencia demoledora de un perrito triste comparado con un perrito musculoso, el libre mercado nos vendió la idea de que la felicidad consistía en trabajar 14 horas diarias, pagar suscripciones para todo y consumir café de especialidad mientras nos privamos del sueño y de nuestros sueños.
Mientras los teóricos de la economía nos explican con gráficos incomprensibles por qué es “absolutamente normal” ya, no poder pagar la renta, no poder comprar casa, un auto, traer solamente doscientos pesos en la bolsa o usar solo un par de zapatos, como lo ordenó el famoso cabecita de algodón, el pueblo conciente responde como mejor sabe, con ironía pura y dura.
Una risa de esas que te hacen doler la panza, no porque la situación sea graciosa, sino porque el nivel de absurdo ya superó la capacidad de asombro de cualquier ser humano, el poder le teme a la protesta, sí, pero le aterra el ridículo, un gobierno capitalista puede gestionar una huelga con comunicados de prensa y promesas vacías, lo que jamás podrá gestionar es convertirse en el trend cómico de la semana, pero a nivel mundial.
Cuando el marketing político gasta millones de dólares en vender una imagen de empatía y cambio social que solo existe en sus mentes, el discurso del bienestar, o salud mejor que en Dinamarca. Basta un usuario anónimo desde su sillón para lanzar una bomba de ironía que deja al descubierto la cruda realidad, que detrás de la retórica humanista solo hay más privatización, más precariedad, persecución, represión, desplazamientos forzados, asesinatos, feminicidios y los mismos de siempre contando billetes.
Así que propongo un brindis por la resistencia digital, que nunca nos falte la memoria, la dignidad ni la capacidad de reírnos en la cara de los poderosos, sigamos compartiendo la crítica incisiva disfrazada de imagen absurda, porque un pueblo que se ríe con sarcasmo de sus gobernantes es un pueblo que ya empezó a quitarles el poder. ¡Larga vida al meme subversivo!

