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​¡Sígale así y va a perder!…

¡Sígale así y va
a perder!…

ffffffff

Por Ernesto Alonso López / CriticaPolitica.MX

www.ernestoalonsolopez.com

correo@ernestoperiodista.com

Voy a comenzar fuerte, señora candidata, señor candidato… A estas alturas, usted ya adivina más o menos quién va a perder las elecciones. Así es. Usted no se dedica a la videncia, pero en política no tiene que ver ninguna encuesta para desarrollar un olfato político muy semejante. Usted ya siente quién hará sólo un papel decoroso, así como si usted lleva la delantera y de plano, quién no debió haberse ni siquiera inscrito, por dignidad humana, en algo tan serio como una candidatura.

También sabe que habrá muchos falsos análisis en los equipos de campaña frustrados, para justificar por qué no supieron conectar con la gente y por qué sí lo pudieron hacer los adversarios.

Hay algo que enseña más que la victoria: la derrota. Veamos por qué 9 de cada 10 políticos no sabe perder, con honor –y tampoco ganar-.

Las culpas empiezan a repartirse por todos lados. Los adversarios internos dicen que el líder o lideresa no servía para la candidatura, otros aseguran que la prensa confabuló en contra mostrando los peores lados de la candidatura, algunos más señalan que el dinero que le metieron a la campaña ganadora fue demasiado y que la publicidad fue excelente, en cambio la campaña  que perdió estaba pobre, con el peor spot, el más jodido del mundo. Finalmente, culpan a la gente de no darse cuenta que la candidatura que perdió era la última Coca Cola en el desierto y que ellos se la perdieron, teniéndola sólo a un voto de distancia. Entonces, todos se quitan la responsabilidad y le echan la bronca al pueblo y asunto arreglado.

Todo eso puede ser cierto, desde cualquier óptica. Todos dicen tener razón. Y usted, como ex candidata o ex candidato, tampoco les quitará las fantasías a las personas. Pero la verdad es que usted sabe mejor que nadie por qué se pierde y por qué se gana.

Se pierde cuando usted prefiere escuchar a quien no debió hacerlo y se gana cuando se deja de ser político sordo, ciego y mudo. Pero, ¿que, quéeee?… Pues si usted no hace otra cosa más que poner su carita de buena gente para escuchar hasta las cosas más disparatadas, mirar lo que a veces a nadie le importa y encima, habla y habla y habla, hasta por los codos y lo más que puede… ¿Pues qué sucede, entonces?…

Eso precisamente: usted ve, lo que quiere ver. Escucha lo que quiere oír y habla de lo que sólo a usted le interesa hablar. Nomás. Por eso pierden. Por eso ganan.

Entonces usted se da cuenta que abundan los candidatos sordos, ciegos y mudos. Ahí busque las razones del fracaso y el éxito electoral y encontrará muchas ideas interesantes.

Muchos hombres y mujeres que se dedican a la política, de los llamados “profesionales”, en lugar de atender lo que dicen las personas, le ponen atención a los otros políticos y a la bola de lambiscones que les rodean, quienes se encargan, con ayuda del propio candidato o candidata, a perder contacto con la realidad, hasta que llega el baldazo de agua fría el día de las elecciones y aquellos que le encerraron en esa burbuja, pues no están; y aquellos que ganaron pues se pavonean frente a los perdedores.

Déjeme decirle algo más fuerte: usted, señor candidato o señora candidata, tiene la máxima responsabilidad del fracaso o de la victoria de su candidatura, tras una elección, porque sólo usted tiene una visión integral para observar la historia completa, aunque a veces usted sólo quiera ver una parte de la misma, con base en su propia cultura, educación y prejuicios incluidos, que usted considera son los mejores de su estrategia. ¡Ay de aquellos que osen cometer el exabrupto de hacer algo que usted no apruebe, (-y le beneficie-) porque el sentido de control y egolatría de la candidatura que usted dirige, se verán afectados; y entonces dejará sentir el látigo de su desprecio contra esos necios, que para eso le dicen que usted es la jefa o el jefe!… Usted es como el PAPA de Roma. Infalible, por dogma de fe.

Pero el día de la elección, usted se acuerda perfectamente de quiénes le dieron piola al papalote y qué periodistas supuestamente especializados, así como dirigentes, líderes sociales y cuanto personaje usted quiera agregar, le dijeron que la victoria era ineludible, mientras otras voces le advirtieron que debía poner atención en muchos puntos.

En fin. Llegaron las elecciones y la historia, el pueblo, la química política, o lo que sea, ha puesto de nuevo las cosas en su lugar y a cada cual en su sitio.

Sería bueno que en un claro ejercicio de franqueza, realice el primer paso hacia el éxito verdadero: sea breve, macizo y conciso en sus discursos. Menos es más. Directo es correcto. Sin trabalenguas, que lo sencillo es lo más difícil, cuando se trata de convencer y argumentar, o de que los electores le den su voto.

Así mismo, hágase un segundo favor: que cuando usted hable, no sea un discurso que le guste a sus lambiscones, sino a la gente que lo escucha y los sectores que van a votar por usted. Palabra que no convence, no sirve. Las emociones votan.

Por cierto, nuestro amigo Daniel, nos reiteró que las candidaturas perdedoras no entienden todo esto que le dije y es que son sordas, ciegas y mudas. ¿Lo recuerda?…

A propósito, había una vez un conductor de TV tan bueno, que conducía al fracaso… Y el programa tuvo tanto éxito, que no duró ni la mitad de la temporada…. Digo, sólo es anécdota…

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