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¿Ya le dijeron por qué va a perder?…

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¿Ya le dijeron por qué va a perder?…

Por Ernesto Alonso López / CriticaPolitica.MX

www.ernestoalonsolopez.com
correo@ernestoperiodista.com

Está de moda la despersonalización de la comunicación en México. Las élites han decidido que enviar información por medio de cualquier plataforma tecnológica: Facebook, Twitter, Instagram y un amplio etcétera, es una forma de “comunicar”; y “comunicar” ahora parece ser sinónimo de “internet”, aunque no en sentido estricto.

El asunto se complica cuando en la política y en las instituciones se da por formal que el sólo hecho de publicar un mensaje por medio de internet o las redes sociales, es hacer valer el derecho a la información al que constitucionalmente los ciudadanos deben acceder. Y que el clásico modelo de la comunicación de David K. Berlo se registra con que te pongan un “ja, ja, ja”, debajo de un “meme” publicado.

La cosa se pone infame cuando esto se aplica a las campañas electorales, donde son frecuentes los errores de comunicación política. El más grave de todos los errores de este tipo de comunicación es que dado que las redes sociales sólo llegan a una élite determinada de la sociedad, se pierde contacto directo con la realidad y la base de la sociedad. Las redes sociales, en esa élite, se informan o se divierten, pero la influencia de internet aún no es tan profunda en México. Así que si usted, amigo candidato o amiga candidata, piensa que si tiene muchos seguidores -de lo que sea- en internet -y todas las diversas plataformas tecnológicas-, permítame felicitarle, pero eso no es determinante para que usted gane la elección. Así de claro. Lo siento, insisto. Es que alguien se lo debe decir. Ya no queda casi nada para la elección y usted continúa en la ceguera.

Disculpe el tono de mi argumento, pero digamos que un mensaje en las redes sociales, en México, en esta circunstancia, es tanto como si usted se fuera a la playa, escribiera en un papel sus mejores propuestas donde al final diga: voten por mí y después lo meta dentro de una botella de refresco vacía, la tape y la lance al mar, a ver quién la recibe y le hace caso. La diferencia con las redes sociales y este ejemplo, burdo, de playa, es que, digámoslo así, usted tiene oportunidad de lanzar un montón de botellitas a cada rato, sin que le cueste mucho trabajo y dinero, por medio de las redes sociales; y si no tiene mucho tiempo o no le entiende a ese asunto, pueden hacerlo algunos colaboradores… Y aunque hay herramientas para medir el impacto en las redes sociales, insisto en que su alcance es todavía muy limitado, en México, actualmente. Esto no quiere decir, que cada vez la tecnología será más el centro de atención de las nuevas generaciones, pero mientras eso ocurre, la elección que viene ya casi da los resultados de vencedores y vencidos… ¿De qué lado se va a poner, usted?…

Aquí el punto de su botellita es el siguiente: su mensaje. Es decir: ¿qué hizo en la campaña para atraer al electorado, hacia usted?… Si su mensaje no era bueno, no era para el sector objetivo de su campaña y sólo se dedicó a tirar botellitas tecnológicas de red social a diestra y siniestra, pues va a tener esos pobres resultados…

Pero más allá del mensaje, iré más profundo: usted probablemente privilegió las redes sociales porque perdió contacto con la realidad, desde el momento en que las botellitas suplieron a su presencia en vivo y en directo, frente a la gente, que quiere sentirle, verle a los ojos y conocer si usted es confiable, como para darle el voto.

Algunos le dicen a esto: “la campaña de tierra”; es decir, cuando los candidatos o candidatas visitan a los ciudadanos para pedirles el voto. Usted debió revalorar la necesidad de una comunicación persona a persona. Facebook, Twitter, Instagram y todo lo que sea tecnológico, ayuda, pero no es suficiente. Cumple una función, pero no se traduce en votos contantes y sonantes, automáticamente.

Las redes sociales amplían la influencia de  su mensaje, pero si su mensaje es deficiente, de cualquier forma será ignorado. Como es ignorada cualquier botella que está en la playa, que es expulsada por el mar y nadie es capaz siquiera de ponerla en la basura.

Ni modo, ya tiró el dinero, el tiempo y se negó a escuchar ideas. Que le vaya muy bien, a pesar de todo, señora casi ex candidata, señor casi ex candidato.  Es decir, lo veremos de manera positiva: felicidades porque su ego subió al cielo, no su autoestima, al hacer de su campaña una terapia grupal grotesca donde antepuso su “yo”, en el culto a la imagen personal, generando comunicación cortoplacista, efímera e ineficaz.

​¿Era lo que quería, no?…

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