Por Raúl González Nova
En la administración municipal de #AlmoloyaDeJuarez encabezada por el presidente municipal #AdolfoSolísGómez la palabra transparencia se ha vuelto una de las favoritas del discurso oficial.
En una imagen difundida por el propio Ayuntamiento se observa una presentación institucional acompañada de una frase que intenta sonar impecable:
“Garantizando un uso eficiente y transparente de los recursos municipales”.
El problema aparece cuando se mira con atención la pantalla.
Los números proyectados —que deberían explicar cómo se usan los recursos públicos— están completamente borrosos.
No se distinguen montos.
No se alcanzan a leer cifras.
No se puede entender absolutamente nada.
Se habla de transparencia…
pero los datos no se ven.
Se presume claridad…
pero las cifras desaparecen.

Y cuando se trata de dinero público, los números no son un detalle menor: son el fondo del asunto. Montos, partidas presupuestales, porcentajes de inversión y destino de los recursos son justamente lo que la ciudadanía tiene derecho a conocer con precisión.
La administración de Adolfo Solís Gómez insiste en que existe un manejo eficiente y responsable del presupuesto municipal. Sin embargo, la ciudadanía no necesita discursos ni diapositivas decorativas.
Necesita información clara, visible y verificable.
Porque la transparencia no es un eslogan en una presentación de PowerPoint.
La transparencia significa que los números se vean, que se entiendan y que puedan revisarse sin filtros ni borrones.

Cuando el gobierno habla de claridad pero muestra cifras ilegibles, el mensaje que termina transmitiendo es otro: mucha palabra… pero pocos datos.
Y así, en la pantalla del propio Ayuntamiento, ocurrió lo impensable:
Hubo tanta “transparencia”… que los números desaparecieron.
Aquí les dejamos la imagen que el Ayuntamiento, seguramente, preferiría que nadie analizara con detenimiento.

