* Tres días de festejos, jueves, viernes y sábado; terminó el espectáculo y la realidad volvió a golpear a los almoloyajuarenses
Por Raúl González Nova
Almoloya de Juárez, México.— Tres días de fiesta: jueves, viernes y sábado. Música, espectáculos y celebración por los supuestos 200 años de Almoloya de Juárez. Y mientras el gobierno del alcalde #AdolfoSolísGómez, del Partido Verde Ecologista de México, presume festejos, el municipio enfrenta una realidad muy distinta.
Terminó la fiesta y comenzó nuevamente la realidad.

Una realidad que se puede observar en los servicios públicos deficientes y hasta en las propias unidades oficiales. En la bodega de Fedomex permanecen, de acuerdo con la información proporcionada, tres unidades la unidad 54 y la unidad 94, ambas descompuestas desde hace más de 15 días.
Unidades que deberían estar trabajando para atender las necesidades de la población, pero que permanecen detenidas.
Y entonces surge una pregunta que el alcalde Adolfo Solís Gómez debería responderle directamente a los ciudadanos:
¿Por qué para las fiestas sí hay recursos, pero para mantener en funcionamiento las unidades que prestan servicios a la población aparentemente no los hay?
Nadie está en contra de que Almoloya celebre sus supuestos 200 años. El problema es cuando la celebración parece convertirse en prioridad mientras las necesidades cotidianas de miles de ciudadanos siguen esperando.
Adolfo Solís Gómez parece haber encontrado una fórmula sencilla para gobernar: pan y circo. Tres días de fiesta para distraer la atención, mientras las carencias continúan acumulándose en las comunidades.
Pero los problemas no desaparecen con música, escenarios ni espectáculos.
La inseguridad sigue ahí. Las calles deterioradas siguen ahí. Los servicios deficientes siguen ahí. Las unidades descompuestas siguen ahí. Y las necesidades de los ciudadanos siguen ahí.

El alcalde puede presumir los supuestos 200 años de historia de Almoloya, pero la historia no se gobierna con discursos ni con fiestas; se gobierna resolviendo los problemas de la gente.
Hoy, después de tres días de celebración, toca quitar los escenarios, recoger las sillas, apagar las luces y regresar a trabajar.
Y es precisamente ahí donde estará la verdadera prueba para Adolfo Solís Gómez: en demostrar si su gobierno puede ofrecer resultados cuando ya no hay música, artistas ni reflectores.
Porque gobernar no significa organizar tres días de fiesta.
Gobernar significa estar presente los 365 días del año.
Y mientras Almoloya se cae a pedazos en distintos puntos y sus servicios públicos enfrentan carencias, queda una pregunta flotando en el aire:
¿Los supuestos 200 años de Almoloya fueron una celebración para el pueblo o una cortina de humo para esconder sus problemas?
El tiempo y los resultados del gobierno de Adolfo Solís Gómez tendrán la última palabra.

