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LA MISIÓN SOCIAL Y HUMANA DEL MAGISTERIO

Abel-Santiago

 LA MISIÓN SOCIAL Y HUMANA DEL MAGISTERIO

   En la ceremonia oficial efectuada en 1966 para celebrar el Día del Maestro, el secretario de Educación Pública, licenciado Agustín Yáñez, uno de los más destacados novelistas mexicanos, dirigió un mensaje al magisterio nacional, en el que puso de relieve su misión social, patriótica y humanista. Entonces no había surgido la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, pero estaba en su apogeo el Movimiento Revolucionario del Magisterio, que fue su antecedente, y que ya pretendía desvirtuar la calidad de la enseñanza, aunque sin llegar a los extremos a que se ha llegado ahora. Por eso el escritor, jurista y maestro Agustín Yáñez definió, con claridad y elocuencia, el alto significado de ser maestro. Recordaremos ahora algunos de sus brillantes conceptos, aun vigentes después de medio siglo, muy  necesarios para tratar de crear nueva conciencia de la alta responsabilidad cívica y humana del magisterio nacional:

   En quien lo inculca, el amor a la patria es amor medular, lúcido. Lúcido quiere decir con conocimiento de cuanto es necesario para entender a la patria como pasado, como presente y como futuro; lo mismo el lenguaje y el número, la geografía y la historia, el civismo, las ciencias y las artes, en ascendentes niveles, requeridos para la formación de promociones que traduzcan el amor a la patria en su progreso moral y material. ¿Cómo podremos fomentar la verdadera, constructiva devoción a la patria si no impartimos -compartimos- en forma activa los conocimientos indispensables para servirla en la resolución de sus problemas, en la satisfacción de sus desarrollos? Correríamos el riesgo aniquilante de fomentar el patrioterismo -vacua explosión de gritos y jactancias inertes-; no el patriotismo genuino, que a la par es conciencia y esfuerzo sostenido.

   Si se ha dicho que el pueblo mexicano tiene hambre y sed de justicia -lo proclamó el maestro Justo Sierra en memorable ocasión-, es en la escuela donde debe principiar la satisfacción de esa hambre y sed, orientando a la voluntad hacia la justicia y vigorizándola con su ejercicio. Igualdad en el trato; apoyo a la razón del débil frente al fuerte o al que de algún modo se presenta como privilegiado por la fortuna o las influencias; equidad en las calificaciones, recompensas y sanciones; pero antes que todo, cumplimiento justo de las obligaciones, dedicación justa del tiempo y de las atenciones a que nos hemos comprometido en el desempeño del trabajo que la República nos confía; sin pausas e interrupciones aparentemente justificadas; he aquí algunas, entre muchas oportunidades cotidianas para orientar y robustecer la voluntad de justicia, con ejemplos diarios de rectitud justiciera. Sobrevive la clásica definición de justicia: “constante y perpetua voluntad de dar a cada quien lo que le corresponde”.

   Al amparo de la Constitución y de los ordenamientos emanados de ella, garantizados por ella derechos y deberes, los maestros ocupan sitio capital en el febril conjunto; a su cargo corre impulsar la emoción creadora, que forja los destinos patrios. El vínculo constitucional regula la coordinación del régimen y de los trabajadores al servicio de la educación.

   La función del maestro es insubstituible en las comunidades humanas. Aquí su grandeza y responsabilidad. Grandeza en razón de responsabilidad, apoyadas una y otra en la capacidad profesional, en la fidelidad vocacional, en la dignidad personal. Insubstituible. Aun los medios modernos de difusión al servicio de la enseñanza requieren la participación determinante del maestro y tienden a auxiliarlo, a estimularlo y dar mayores ámbitos a su labor.

   El sentido humanista de la educación, por otra parte, principia en el ejercicio del entendimiento, buscando que desde temprana edad el individuo entienda y reflexione ante los objetos del conocimiento que se le presenta y que debe manejar conscientemente. La sola memoria mecánica es incapaz de formación humana, si no es animada por la inteligencia. La escuela debe hacer entender antes que obligar a memorizar. Y con el entender armonizan el sentir y el querer en la integración de la personalidad. El humanismo en la educación, lejos de oponerse, da sólida base a su orientación hacia el trabajo productivo.

   La educación primaria es el muro de sustentación del sistema escolar. Necesitamos reforzarlo en forma que sostenga, no sólo niveles superiores, sino al ciudadano que no tendrá otra preparación para la vida, y al que la vida le planteará exigencias. Bastante será que de la primaria salga sabiendo aprender de la vida misma; esto es: que cuente con disciplina y método para convertir la experiencia en lección. Esforcémonos porque la macicez del mundo conjure dilataciones y cuarteaduras en los niveles medios y superiores de la enseñanza.

   Hay un clamor nacional contra la pérdida de tiempo en menoscabo de México. El país marcha contra reloj, luchando por superar tantas carencias, tantos adversos factores naturales y sociales, internos y externos, que resulta increíble cualquier desperdicio, y más tratándose de recursos aportados con sacrificio del pueblo, al que todos pertenecemos y dentro del cual contribuimos para la obtención de beneficios necesarios. Mucho podemos hacer los maestros para suprimir actitudes negativas y encauzar energías a funciones constructivas. A nuestra inteligencia queda encomendada la inversión moral e intelectual de la República. La moral de un pueblo constituye su mayor fuerza.

   La cooperación del maestro tiene un índice incontrovertible: el aprovechamiento escolar. El pueblo es el que paga para que los maestros puedan dedicar las mejores horas de su tiempo a entregar lo que saben; es el pueblo, en sí, el que está vigilante de si esa confianza que deposita en maestros y alumnos es correspondida con lealtad, con amor y con cariño a ese pueblo abnegado, sencillo, humilde y bueno que es el pueblo mexicano. Maestros mexicanos: practiquemos y difundamos esta lección de fidelidad a nuestro pueblo, del que somos servidores.

   abelsantiago30336@yahoo.com.mx

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