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¡¡¡TENÍA QUE SER EL CHAVO DEL OCHO!!!

¡¡¡TENÍA QUE SER EL CHAVO DEL OCHO!!!
 
POR JUAN CARLOS PIEDRAHÍTA
 
Chespirito interpretaba a El Chavo del Ocho, en un programa en el que involuntariamente el eje temático no es el niño humilde, sino Ron Damón, el más veterano de la vecindad. Es él el núcleo de desarrollo de los demás personajes. Sin Ron Damón no hay a quién cobrarle la renta y el Señor Barriga (Zenón Barriga y Pesado) no tendría piso para existir; sin él no hay conflicto para Doña Florinda (Florinda Corcuera y Villalpando Viuda de Matalascayando); sin él la Bruja del 71 (Doña Cleotilde) habría liquidado cualquier esperanza de enamorarse; sin él Quico (Federico Matalascayando Corcuera) no tendría a quién acusar y sin él el Chavo, ahí sí, estaría huérfano.

¡¡¡TENÍA QUE SER EL CHAVO DEL OCHO!!!
 
POR JUAN CARLOS PIEDRAHÍTA
 
Chespirito interpretaba a El Chavo del Ocho, en un programa en el que involuntariamente el eje temático no es el niño humilde, sino Ron Damón, el más veterano de la vecindad. Es él el núcleo de desarrollo de los demás personajes. Sin Ron Damón no hay a quién cobrarle la renta y el Señor Barriga (Zenón Barriga y Pesado) no tendría piso para existir; sin él no hay conflicto para Doña Florinda (Florinda Corcuera y Villalpando Viuda de Matalascayando); sin él la Bruja del 71 (Doña Cleotilde) habría liquidado cualquier esperanza de enamorarse; sin él Quico (Federico Matalascayando Corcuera) no tendría a quién acusar y sin él el Chavo, ahí sí, estaría huérfano.
 
El Chavo claro que tiene padres, lo que pasa es que no se los han presentado todavía y, según confesó en su diario, su mamá un día lo dejó en un orfelinato y luego, luego olvidó pasar por él. Llegó a la vecindad por accidente y con la primera que se topó fue con la Chilindrina, ambos se miraron las pecas y se quisie ron durante los primeros segundos porque después tuvieron una pequeña disputa a causa de un globo. Eso sucedió el 20 de junio de 1971 y desde entonces este personaje para el que Roberto Gómez Bolaños utilizó la técnica del clown para su construcción ha sido permanente visitante de los hogares de América Latina.
 
Al Chavo del Ocho no se le puede hablar de una manera clara y convincente porque siempre responderá con un absurdo. La razón por la que esto sucede es sencilla: el Chavo no conoce ni a Clara, ni a Vicente, ni muchos menos a ‘el zurdo’. A sus ocho años sólo sabe que cambiaría todos los goles que ha hecho Enrique Borja por una, solo una, torta de jamón, que las tirantas van siempre en su hombro izquierdo y que lo único nuevo que hay en su gorra es un agujero tal vez ocasionado por un certero coscorrón de  ‘Ron Damón’. Ninguna de estas lecciones de vida las ha aprendido de Inocencio Jirafales (El ‘meistro’ Longaniza), un hombre experto en pedagogía, pero poco diestro en la obtención de recursos para captar la atención de sus alumnos.
 
Claramente, Roberto Gómez Bolaños siempre será ‘El Chavo’, pues en forma convincente registró la cotidianidad de América Latina, y no es casual que siga estando en el gusto de las nuevas generaciones.

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