Por: Diana Arango
Ahora vamos en algunos casos desde el pánico de la supervivencia a la sana costumbre de prevenir y es que en los últimos días se extendió en redes sociales un titular con aire de alarma distópica; 33 países, incluido México, están llamando a sus ciudadanos a acopiar provisiones y preparar un kit de supervivencia para resistir al menos 72 horas.
La conversación digital hizo lo propio y las teorías del pánico no tardaron en circular; desde inminentes guerras cibernéticas y colapsos de red eléctrica hasta el presagio de una Tercera Guerra Mundial.
Sin embargo, detrás del sensacionalismo global hay un fenómeno que combina realidades muy distintas bajo una misma etiqueta, por un lado, el contexto geopolítico actual en Europa y Asia ha obligado a varias naciones a desempolvar protocolos de defensa civil que no se veían desde los años de la Guerra Fría. En países como Suecia, Alemania, Taiwán o el Reino Unido, las recomendaciones gubernamentales no son un simple recordatorio contra el mal tiempo; responden al riesgo tangible de ciberataques contra infraestructuras críticas, apagones masivos o escaladas militares en sus fronteras.
Ahí, el acopio de alimentos para varios días es una política de resistencia nacional frente a la vulnerabilidad digital y militar. Por el otro lado, la inclusión de México en esta lista internacional no obedece a un aviso de catástrofe global inminente ni a una adhesión geopolítica de último momento.
Para nuestro país, la famosa “mochila de emergencia” o “mochila de vida” es una recomendación promovida desde hace años por la Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred). México vive en una zona de alta actividad sísmica, volcánica y de huracanes; tener a la mano agua potable, radio a pilas, documentos y un botiquín no es el preludio del fin del mundo, sino una cuestión elemental de protección civil.
El verdadero peligro de esta oleada de desinformación radica en el alarmismo, convertir un recordatorio rutinario de gestión de riesgos en una profecía apocalíptica solo provoca compras de pánico e histeria colectiva.
¿México se suma a la iniciativa? Sí, pero no porque las autoridades estén previendo un desastre global inédito en los próximos días, sino porque la cultura de la prevención sigue siendo la mejor herramienta en un país convulsionado por la naturaleza. Más que entrar en pánico, la lección para los mexicanos es simple, si aún no tiene lista su mochila de vida, prepárela no por miedo a un conflicto bélico, sino por la simple y prudente certeza de que la tierra siempre se mueve.
