Por: Diana Arango
El cielo de la sospecha; cuando la falta de información oficial alimenta la incertidumbre, esto mientras muchas familias conmemoran el día de muertos, están distraídos viajando o descansando.
Así la tarde de este domingo primero de noviembre, los habitantes de Atenco y Chiconcuac interrumpieron su rutina para mirar hacia arriba. Alrededor de la 1:34 p.m., una formación de al menos seis aeronaves cruzó el firmamento del oriente del Estado de México.
Un despliegue vistoso, coordinado y atípico para el descanso dominical de la región. Sin embargo, lo verdaderamente alarmante no fue el estruendo de los motores ni la disciplina geométrica de los aviones, sino el espeso silencio institucional que le siguió.
En un territorio marcado por tensiones históricas y luchas sociales en torno a la tierra y el espacio aéreo —como lo es Atenco—, el paso inusual de aeronaves no es una simple anécdota visual para redes sociales. Para la ciudadanía, la presencia no anunciada de formaciones aéreas, sobre todo cuando sugieren un carácter militar o de adiestramiento intensivo, genera especulación, sobresalto e inquietud.
Hasta el momento, ninguna autoridad —ni la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), ni la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC), ni los ayuntamientos locales— ha ofrecido un reporte claro que explique el propósito del sobrevuelo.
Las preguntas son las siguientes ¿Prácticas de rutina desde la Base Aérea de Santa Lucía? ¿Maniobras de entrenamiento de escuelas privadas? ¿Operativos de vigilancia territorial?.
La incertidumbre es siempre el peor combustible para el rumor, en la era de la información inmediata, el vaciado informativo de las instituciones oficiales se traduce en una falta de respeto hacia la tranquilidad pública comunicar de manera oportuna sobre ejercicios militares o maniobras aéreas sobre zonas urbanas y semiurbanas no es un favor gubernamental ni un dato confidencial; es una obligación y respeto básicos de transparencia hacia la comunidad sobrevolada.
Gobernar e informar van de la mano, dejar a la población adivinando los motivos de la actividad militar o técnica en su propio cielo refleja una desconexión preocupante con las dinámicas locales.
Los habitantes de Atenco y Chiconcuac no solo merecen observar el paisaje; merecen saber, con certeza y oportunidad, qué ocurre sobre sus cabezas.

