Desafío MIÉRCOLES 7 DE OCTUBRE DE 2026*Los Caminos de Claudia

Desafío MIÉRCOLES 7 DE OCTUBRE DE 2026*Los Caminos de Claudia


Por Rafael Loret de Mola
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Sin duda alguna, Claudia Sheinbaum es la mandante-mandataria que más poder institucional atesora luego de un año en la Presidencia. Ni Calles, ni Cárdenas, ni Salinas… ni siquiera el dictador Porfirio Díaz Mori, contaban con tantas facultades a su disposición en los dos primeros años desde su asunción presidencial. En cambio, la señora mencionada cuenta con todo lo necesario para gobernar sin el menor contrapeso -salvo lo que describiremos más adelante-, y con la jauría rebosante de prepotencia y soberbia, condiciones acaso heredadas de su predecesor convertido en icono de eso que llaman cuarta transformación –más bien se cambió hacia atrás con la doctrina del gatopardismo-.
El predecesor, con estudiados honores -como la reverencia hacia su retrato en el salón de presidentes del Palacio Nacional-, se dio el lujo, además, de exaltar a su “reina” a quien enseguida colocó el mote de Claudia Carlota para halagar a los deudos de Maximiliano de Habsburgo y después le endilgó otro: Claudia Porfiria para los nostálgicos de la tiranía del bravo general que se convirtió en autócrata y aristócrata.
Así que estrenamos una especie de monarquía “simulada” aunque solo le falta a la mandante utilizar su fuerza de convocatoria, es decir la mayoría calificada en las Cámaras a causa de una sobrerrepresentación artificialmente concebida, para dejar su cargo, en su momento, a uno de sus hijos incluyendo al que guarda en Sonora y cuyo progenitor está muy seguro de asegurarse, para su dinastía del caos, la candidatura de la inmoral MORENA para 2030… si es que llega. Círculos cerrados porque la “reina” tiene atrás una regencia evidente, acaso más visible que la de Plutarco Elías Calles en dupla con el también general Álvaro Obregón Salido -de las entrañas del mal-, cuya hazaña mayor fue liquidar a Don Venustiano Carranza y ya, encarrerado a su trunca reelección, también al general Francisco Serrano en la célebre matanza de catorce oficiales en Huitzilac, Morelos, víctimas de las traiciones tan de moda hoy.
El pulso está dado y acreditado: la señora Sheinbaum, si aterriza y no se vuela con eso de su “reinado”, puede seguir siendo una marioneta manejada desde “La Chingada”, la nueva heredad de los mandones, como la de Calles, la Hacienda de Santa Bárbara, en cuyos establos recibía al presidente títere, Pascual Ortiz Rubio; o ejercer el impresionante poder que ha recibido de modo por demás fraudulento. No existen dudas sobre que la mayoría calificada en sendas Cámaras -la del Senado tras una parodia inmoral y abyecta cubierta con los estímulos de Adán Augusto López Hernández y el pandillero Gerardo Fernández Noroña o Llorona come le llama la senadora Lilly Téllez-, es fruto de la mayor antidemocracia vista en los tiempos actuales y con el “nuevo” INE, encabezado por la servidora de la 4T, Guadalupe Taddei Zavala, ametrallado desde la cúpula del poder –“La Chingada” o Palacio Nacional-, en condición de complicidad extendida al Tribunal Electoral del Poder Judicial Federal.
Y les señalo como “golpistas” por cuanto, como se ha demostrado a través del conteo ciudadano basado en la suma relevante de las “sábanas” colocadas a pie de urnas, obtuvieron cibernéticamente muchos más sufragios que los verdaderos: de casi treinta y seis millones a veintiún millones de votos, nada menos que un chanchullo de quince millones de papeletas, solo posible a través de un algoritmo colocado en la sede del INE dispuesto a modificar los escrutinios de las casillas y presentar un panorama muy distinto a la realidad. Así gobernó y sigue gobernando la mafia del poder sin que AMLO haya desaparecido como él dijo que lo haría.
Por desgracia, la traición de Xóchitl Gálvez, al felicitar tempranamente a la “reina” luego de que media hora antes cantaba su triunfo, dejó sin líder, sin candidata y sin causa a millones de mexicanos quienes cayeron en un profundo letargo que aún no puede superarse, del todo, pero comienza a revertir en las protestas diversas de una población afrentada y herida.
Tampoco tienen perdón los opositores cuyos yerros, los más de la misma talla que la soberbia del mandante saliente, posibilitaron el fracaso de la alianza y la debacle de sus partidos: el PRD perdió su registro, el PRI se quedó momentáneamente sin dirigente al rebotar en el INE la fatua reelección de Alito Moreno Cárdenas que luego él impondría y, por último, el PAN, que intentará modificar el rumbo con una nueva dirigencia, se metió un definitorio autogol fruto de sus tantos apoyos al cacicazgo de los Yunes en Veracruz, quienes buscaron refugio en el partido oficial y le entregaron el voto que le dio a éste la mayoría calificada para aprobar la reforma AMLO que le dio cuello a la democracia. “Tanto peca el que mata a la vaca como el que le agarra la pata”. Y ahora tenemos a una Tremenda Corte.
Sin oposición y fracturados muchos grupos cívicos que solo atienden las cuestiones que les duelen, la señora Sheinbaum, presidente dicen, debería tener el camino despejado salvo por las lastres heredados: una reforma judicial que repercute en la credibilidad oficial y espanta a los inversores, nacionales o extranjeros; la economía por los suelos, apenas sacando la cabeza con un punto en cuanto al desarrollo y un dólar volátil cuya depreciación sobrepasa el veinte por ciento desde el día de los comicios en junio 2; la violencia que solo disminuye cuando se trata de cuidar a los jefes del Ejecutivo -AMLO se paseó por Culiacán como si nada hubiese pasado y la misma ruta ha seguido la señora Sheinbaum para aparentar lo que no es-; el creciente malestar de los Estados Unidos -por fortuna, el señor Putin entendió el juego explosivo y se abstuvo de viajar a la toma de protesta hace dos años-; el abandono de las banderas sociales salvo la de las que encierran en un “bienestar” con compra-venta electoral y de conciencia a los “beneficiarios”; la destrucción de la autonomía entre los poderes de la Unión; y la persecución acrecentada no solo contra los críticos del periodo anterior y el que comienza sino igualmente a los gobernadores y políticos ajenos a Morena.
AMLO legó un polvorín y la “reina” Claudia tiene el cerillo encendido sobre una corona invisible… similar a “El Traje Nuevo del Emperador” -Hans Christian Andersen-.
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