CALZADA DEL PANTEÓN: ¿OBRA O CAPRICHO DEL ALCALDE?

CALZADA DEL PANTEÓN: ¿OBRA O CAPRICHO DEL ALCALDE?

Balazo: Antes de gastar recursos públicos en cambiar la imagen de un espacio tradicional de Almoloya de Juárez, Adolfo Solís debería explicar qué pretende hacer, cuánto costará y qué elementos históricos serán respetados.

Almoloya de Juárez necesita obra pública, sí. Pero también necesita que el dinero público se utilice con prioridades y sentido común.

Ahora resulta que la administración de Adolfo Solís Gómez pretende intervenir la tradicional Calzada del Panteón, un espacio que durante generaciones ha formado parte de la vida cotidiana y de las actividades de la cabecera municipal.

La pregunta es sencilla: ¿qué problema urgente está resolviendo esta remodelación?

Porque mientras existen calles que requieren mantenimiento, servicios que siguen esperando atención y necesidades ciudadanas que no pueden postergarse, el gobierno municipal apuesta por cambiar la imagen de uno de los espacios tradicionales del municipio.

Y aquí hay algo que no debería pasar desapercibido.

La Calzada del Panteón no debe ser tratada como una vialidad cualquiera. Existen referencias documentales y académicas que dan cuenta de su carácter tradicional y de elementos que durante años formaron parte de su paisaje.

Por eso, antes de colocar maquinaria y comenzar a modificar el lugar, el Ayuntamiento debería presentar públicamente el proyecto ejecutivo, presupuesto, empresa responsable, fuente de financiamiento y alcance de los trabajos.

Y, sobre todo, responder una pregunta:

¿Se va a conservar la identidad histórica de la Calzada del Panteón o simplemente se pretende imponer una nueva imagen porque así lo decidió el gobierno en turno?

Porque los presidentes municipales pasan.

Las administraciones terminan.

Pero los espacios que forman parte de la historia de un pueblo permanecen.

Y solamente esperemos que, en esta remodelación, no se toque la fachada principal del Panteón Municipal ni se alteren elementos que puedan tener valor histórico o cultural.

Si la intención es mejorar, que se mejore.

Si la intención es modernizar, que se modernice.

Pero modernizar no significa destruir, sustituir o borrar la memoria de Almoloya.

Adolfo Solís todavía está a tiempo de demostrar que esta obra responde a una verdadera necesidad y no simplemente a la obsesión de dejar una huella personal en cada espacio que toca.

Porque una buena administración no se mide por cuántas cosas cambia.

Se mide por cuántas cosas mejora sin destruir lo que ya tenía valor.