Por: Sabina Marco Pimentel
Desde el Ángulo Cero —ahí donde las narrativas oficiales pierden el brillo y chocan de frente con la realidad— la postura del Gobierno Federal frente al colapso del sistema de salud ya no es solo preocupante, es francamente inadmisible el punto ciego del Bienestar.
A la presidenta Claudia Sheinbaum le gusta hablar de datos, ciencia, indicadores y metas medibles. Sin embargo, cuando el tema sobre la mesa es la salud de los mexicanos, su rigor técnico se evapora misteriosamente para dar paso a la misma retórica evasiva, confusa y desprovista de autocrítica que heredó de su antecesor.
Llevamos meses escuchando que la consolidación del IMSS-Bienestar está “a la vuelta de la esquina”, que la Megafarmacia resolvió el problema del abasto y que las protestas del personal médico son manipulaciones de la oposición.
Pero la realidad en los pasillos de los hospitales no se puede tapar con una lámina de Power Point en la mañanera.
¿Dónde está la claridad que tanto prometieron?
Hoy, la Presidenta opta por blindar a Zoé Robledo al frente del IMSS y promueve la “digitalización” de recetas como la gran solución al desabasto, pues ¡Sopresa , por ahí no va la cosa!.
Es un insulto a la inteligencia del ciudadano; un código QR no sustituye un tratamiento de quimioterapia, ni una aplicación móvil abastece de insulina a un hospital de zona.
Digitalizar la escasez no es modernizar el sistema; es simplemente burocratizar la negligencia y hacerlo por obvias razones un servicio más tardado.
Sheinbaum elude responder con cifras reales y fechas concretas a preguntas fundamentales
¿Cuánto tiempo más deberán esperar los pacientes para recibir insumos básicos en cirugías?
¿Cuál es el presupuesto real asignado para equipar clínicas rurales golpeadas por el desabasto?
¿Cuál es la estrategia real —sin demagogia— para resolver la precariedad salarial de médicos y enfermeras que hoy tienen que salir a marchar para exigir lo mínimo?.
El discurso oficial pretende convencernos de que el sistema “va mejorando”, pero en el punto ciego de su gestión se acumulan las quejas, las amputaciones de servicios y el calvario de millones de familias que deben pagar de su bolsillo medicinas que el Estado prometió garantizar de forma gratuita y sigue sin cumplir pretextando el pasado.
Gobernar con perspectiva científica exige diagnosticar el problema con honestidad. Negar la crisis sanitaria o intentar maquillarla con tecnicismos y propaganda es una forma silenciosa de la peor violencia institucional a un pueblo.
En materia de salud, la presidenta Sheinbaum está operando a ciegas… o peor aún, esperando que los mexicanos nos acostumbremos a la penuria como si fuera destino. Pero desde este ángulo, el diagnóstico es inapelable; mientras el Gobierno siga jugando a las evasivas, el costo de su falta de claridad se seguirá pagando en vidas humanas y ¿cuáles? Las del pueblo, pues ellos nunca pasarán, ni pisarán por la fila de las consultas, la enorme fila para análisis clínicos, la espera larguísima del medicamento, ya que sus sueldos opulentos pagan con nuestros impuestos, los mejores tratamiento y atenciones para ellos y sus familiares. Ahí habría que solicitar las reformas, en México todos parejo.