La mordaza digital
Por: Diana Arango
*** El peligroso ensayo de censura bajo la bandera del control
En toda democracia funcional, la sátira, la ironía y el humor político actúan como la válvula de escape indispensable frente al poder. Cuando una iniciativa legislativa pretende regular o sancionar los contenidos digitales humorísticos —popularmente etiquetada como «ley antimemes»—, el debate deja de ser una discusión sobre civismo en redes sociales para convertirse en un síntoma alarmante de deriva autoritaria.
Bajo la narrativa del orden y el respeto en el entorno virtual, subyace una intención mucho más profunda y peligrosa, la fiscalización del discurso público. El humor no es ingenuo; el meme es el formato contemporáneo de la caricatura política, la herramienta accesible con la que el ciudadano común cuestiona, ridiculiza, despierta y expone las incongruencias de la gestión gubernamental.
Intentar legislar sobre el contenido simbólico de la red equivale a ensayar el primer peldaño de un andamiaje de censura.
El trasfondo de esta agenda legislativa trasciende la norma escrita, responde a un modelo político que parece sentirse incómodo frente al ciudadano crítico, soberano y de vocación genuinamente democrática. Cuando la discrepancia se penaliza y la fiscalización social se pretende acallar, se erosiona el pilar fundamental de la libertad de expresión.
Un proyecto gubernamental que aspira a la hegemonía no busca interlocutores exigentes; prioriza colectivos complacientes, dependientes de la dádiva estatal e incapaces de señalar las fallas del poder.
La libertad de expresión no admite matices ni condicionales, si la ciudadanía permite que el poder político decida qué se puede decir, de qué se puede reír o cómo se debe criticar, el contrapeso social queda neutralizado. La defensa de la conversación digital no es una causa fútil; es la trinchera activa para preservar a una sociedad despierta frente a la tentación constante del absolutismo y dictadura.
Esta es otra violencia más para los mexicanos que vivimos cada vez más sumidos en ella, la falta de compromiso social y político por parte de los que se decían tener todas las respuestas y absolutamente todas las soluciones, prohíben a la ciudadanía el humor para poder sobrevivir a todo esto, cuando el mexicano se ríe hasta de la muerte y se la come en dulce, ahora pretenden cobrar una millonada a quién lo haga, cuando en México ni el salario mínimo alcanza para sobrevivir, así las cosas con la cuarta desorientación.

