Almoloya de Juárez, Estado de México. El discurso de ser un gobierno “ecologista” quedó una vez más en entredicho. Mientras el presidente municipal Adolfo Solís Gómez presume una administración comprometida con el medio ambiente, la realidad que encontraron los habitantes en el Ojo de Agua fue muy distinta: abandono, suciedad, crecimiento excesivo de algas y una evidente falta de mantenimiento en el principal atractivo natural del municipio.

Bastó una semana de trabajo ciudadano para hacer lo que el Ayuntamiento no fue capaz de realizar durante meses. Sin ocupar un cargo público y sin disponer del presupuesto municipal, Ricardo Quiroz coordinó, junto con fiscales, comités de agua y delegados, una jornada de limpieza que cambió por completo la imagen del lugar.
La pregunta es inevitable: ¿de qué sirve llamarse un gobierno ecologista si ni siquiera se cuida el principal espacio natural de Almoloya de Juárez?
Resulta contradictorio que una administración que constantemente habla de protección ambiental haya permitido que el Ojo de Agua llegara a un estado que muchos vecinos calificaron como el peor que recuerdan. Durante mucho tiempo, el sitio permaneció sin la atención necesaria, afectando no solo su imagen, sino también a las familias y visitantes que acuden cada año a este lugar.
Lo ocurrido deja en evidencia que, cuando existe voluntad, los resultados llegan. Sin millones de pesos, sin grandes campañas de difusión y sin actos protocolarios, un grupo de ciudadanos organizados logró devolverle dignidad a un espacio que el gobierno municipal había dejado en el olvido.

La administración de Adolfo Solís Gómez tiene la obligación de explicar por qué permitió el deterioro de uno de los sitios más representativos del municipio y por qué tuvieron que ser los ciudadanos quienes asumieran una responsabilidad que corresponde al Ayuntamiento.
Al final, las acciones hablan más fuerte que los discursos. El calificativo de “ecologista” no se gana colocando un color o un lema en la administración; se obtiene cuidando los recursos naturales, dándoles mantenimiento permanente y respondiendo a las necesidades de la población. En el caso del Ojo de Agua, fueron los ciudadanos quienes dieron la lección y el gobierno quien volvió a quedar a deber.

