Por Rafael Loret de Mola
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Pasaron los días y los encuentros futbolísticos hasta llegar a la fase final y el gobierno mexicano quedó en completo ridículo. No solo no se terminaron las obras programadas, pese a que en no pocos casos costaron mucho más de lo inicialmente previsto y ni así estuvieron funcionales para el gran evento sino que la vergonzosa ausencia de la señora presidente elevó las dudas acerca de su soberbia y negligencia refrendando, ante los ojos de los colegas que cubrieron los juegos y las notas de color, la pobre condición institucional que padecemos en nuestro país, saqueado y atenaceado por una nueva oligarquía rebosante de criminales embozados.
Como prevenimos, los cárteles, sobre todo los más fuertes a los que dice sentenciar el gobierno estadounidense pero sin finiquitar sus constantes amenazas, se portaron muy bien y es que, repetimos, el Mundial fue para ellos dentro de la economía del “narco” -como la hemos llamado-, con precios desorbitantes para atestiguar los partidos y con costos exagerados en hoteles y restaurantes que, finalmente, tropezaron ante el alud de cancelaciones pese a la presencia de delegaciones de distintos países que dejaron de observar el folklore para sumarse a la marabunta de las apoteosis por las victorias de la selección nacional con la presidencia inamovible del Ángel de la Independencia -deberíamos empezar a llamarlo de la liberación por cuanto a las explosiones de entusiasmo fueron la estentórea muestra de la imperiosa necesidad de merecer una alegría efímera-.
Lo del AIFA suena a burla sangrienta. Estuvo tan vacío como ha sido habitual salvo por el aterrizaje de la aeronave que condujo al rey Borbón a nuestro suelo sin que se limaran del todo las asperezas y, en cambio, se debilitara la imagen de la monarquía en España. Miren: por allí las simpatías están divididas por mitad y los socialistas, en el gobierno, se han llegado a plantear si es menester continuar apoyando a una Corona cuyos simbolismos le cuestan mucho a los hispanos, y, por l bando contrario, los conservadores del Partido Popular ya no son incondicionales del monarca tras las incursiones groseras de dos de sus figuras prominentes a México: la presidente de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso -que debería enfocarse mejor en las pasarelas por su guapeza física-, y la parlamentaria Cayetana Álvarez de Toledo, quienes recorrieron nuestro país casi llamando a la rebelión acaso para que la tutela española se expandiera antes de la llegada de los “salvadores” yanquis listos a liberarnos de los narcopolíticos.
El hecho es que Felipe perdió puntos en su desesperada intención de conservar sus privilegios desde el Palacio de la Zarzuela, en Madrid, pese a que la mitad de sus vasallos se oponen a la continuidad de la Corona. Y quizá esta visita a la Ciudad de México, donde se retrató al lado de Claudia Sheinbaum -a de origen búlgaro y aconsejada por su insidioso predecesor para sostenerse en sus pretensiones de recibir disculpas por los horrores de la invasión española de hace quinientos años-, y luego fue a Guadalajara a sentarse en el palco de honor del estadio, bajando a los vestidores en donde algunos jugadores de origen catalán -digamos Iamine Yamal-, le extendieron la mano bajando la cabeza o dándole media espalda.
Como fin del cuento, el rey de marras se dijo satisfecho de estar en la ciudad que albergó a su mujer, Letizia, la reina, en sus días universitarios durante los cuales se alborotó más de la cuenta y llegó a ser reportera del diario Siglo XXI enamorándose del director de éste. Más le vale esconder a la dama sus recuerdos, al parecer, y por ello evitó acompañar a su cornuda majestad, dicho esto sin el menor ánimo de ofender a quien ha sido señalado duramente por sus ambiguas preferencias íntimas, un debate que me parece obtuso en estos días en los que el “orgullo gay” se impone a los derechos de los heterosexuales.
Y de allí, en pleno Mundial, apareció el fantasma del reconocido “Monsi”, Carlos Monsiváis, quien nunca salió del clóset porque siempre estuvo fuera con su treintena de gatos que acabaron por matarlo, atrofiados sus pulmones con pelusas gatunas, al igual que Carlos Pellicer, el gran poeta tabasqueño, quien también acogió a Andrés Manuel para impulsarlo políticamente. Lo mismo ocurrió con el deplorable vocero Jesús Ramírez Cuevas, producto legítimo de Monsiváis y de Pérez Gay, cuya juventud irrefrenable pasó por los recodos de ambos personajes. No es una crítica homofóbica ésta sino una radiografía exacta de la “transformación” de Morena por la vía de la cooptación sexual. Para que nadie se equivoque.
Recordemos que Miguel de la Madrid, ya extinto, fue el creador de la célebre “cofradía de la mano caída” por la cual era ritual encaminarse a los rincones palaciegos para asegurar carraras y triunfos políticos tal como lo hizo Emilio Gamboa Patrón quien se ganó, con honores, el derecho de acceder a cargos de mayor relevancia, incluyendo la dirección del IMSS, de la Lotería Nacional y el Infonavit además de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, desde una discreta posición de secretario privadísimo del entonces mandatario. De esto ya he escrito bastante.
Las costumbres quedaron, por lo visto, y crecieron a la sombra de las mayores complicidades conocidas. Y si tal ocurrió en los planos de la mayor intimidad, ¿qué tanto pudo ocurrir dentro de las escaleras institucionales en donde parecía requisito acostumbrarse a las nuevas modalidades impuestas por los gustos particulares del presidente?
Mientras, a los mexicanos se les trata muy mal. A maestros y transportistas les favorecieron con dinero -para sus líderes, claro-, cuando amenazaron con boicotear al Mundial; a las madres buscadoras se les reprimió de manera insolente y la ciudadanía común se le permitieron desfogarse tras los triunfos de la selección tricolor porque otra cosa hubiera sido como incitar a las multitudes enfebrecidas a marchar hacia el Palacio Nacional en donde sola, con su primer consorte, la señora Sheinbaum vio los encuentros, casi heroicos, de nuestros futbolistas que parecen llevar el honor nacional en sus botines, más aún que la supuesta soberanía que ampara, semánticamente, a los mayores criminales del peor de los partidos, y no futboleros precisamente: Morena.
Espero que nadie se desgarre las vestiduras.
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E-Mail: loretdemola.rafael@yahoo.com
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