Por Rafael Loret de Mola-
DOMINGO 14 DE JUNIO DE 2026
Pregunté a uno de mis informantes más certeros, antes de las elecciones federales de 2018, si consideraba posible que algún candidato pudiera arribar a los cargos por los que se postula sin acuerdo, o cuando menos tolerancia, de los grandes capos del narcotráfico. El hombre, cercano a las fuentes de la CIA sobre todo, pero también a la avanzada rusa que sí existe, aunque pretendan ocultarlo los medios medrosos, fue contundente:
–En las circunstancias actuales eso es imposible. Tienen control en casi todo el país y en las ciudades “frías” –esto es en donde se aparenta una paz convenida-, pueden surgir pugnas en cualquier momento.
En Mérida, por ejemplo –sólo fría en este tema porque el calorón es cotidiano salvo cuando llegan los “nortes” y los huracanes-, se acostumbraron muy pronto a la idea de que las familias de los capos fincaran allí y, por ello, se vivía una tranquilidad muy distinta al terror que se sufre en el norte del litoral del Golfo, desde Tamaulipas hasta Tabasco y Campeche, la del entonces párvulo Juan Camilo Mouriño y Roberto Madrazo. Desde allí, el señor Alejando Moreno Cárdenas, exgobernador campechano -muy necio por cierto-, y ahora presidente del PRI, en cuya juventud se la pasó grillando al más alto nivel como otros muchos como él que escalaron posiciones luego de ritos poco recomendables –quien lo dude puede consultar algunos de mis libros, jamás desmentidos-, impuso condiciones y se dejó llevar por el avance de los poderosos cárteles, culpables de algunos atentados oportunamente olvidados como el de Mouriño, precisamente, cuyo Lear Jet cayó en Las Lomas y luego fue investigado por el tenebroso Luis Téllez Kuenzler, alumno que fue del maestro Carlos Hank González, cuando pasaba por la secretaría de Comunicaciones y Transportes. Todo da vuelta sobre el mismo núcleo.
Las pruebas son mayúsculas. Si en Veracruz, amedrentados por el tsunami AMLO, los Yunes se fueron al demonio pero no a la cárcel no sin antes intentar cuanto pudieron para instalar su aristocracia dinástica y traidora, en Yucatán igualmente presionaron los “capos” para evitar la hecatombe de los viejos cacicazgos derivados del cerverismo con la ladrona Ivonne Ortega, quien fue aspirante a la dirigencia del priismo ramplón y ahora se mueve mejor en el cuarto del MC, en sitio preferencial luego de entregar cajas vacías de cartón –supuestamente con un millón de adhesiones-, a cambio de una precandidatura a la presidencia bastante ridícula y a cambio de manejar la sucesión yucateca; y casi lo consigue de no ser por el espíritu democrático de los yucatecos. Mordieron el polvo pero aún no es posible medir las consecuencias.
De hecho Mérida ha sufrido los primeros embates de la violencia con un ritmo de asesinatos y asaltos insólitos en esta región desde 2019, esto es como si se tratara de una advertencia para sumar a las filas de la delincuencia organizada –no faltan voces en el sentido de que ya lo está-, al viajero y elogiado por AMLO por si fuera poco, el gobernador panista Mauricio Vila -hoy en un escaño al lado de Fernández Noroña-, quien logró imponerse, en 2018, a los lloriqueos de su adversario Mauricio Sahuí –literalmente, a lágrima pura-, y de sus asesores como Alejandro Medina quien estalló en llanto sin recato al anunciar la derrota de “su” líder y algo más; fue un penoso episodio que degradó al priismo yucateco o a lo que queda del mismo. No dejé de reír durante semanas.
¡Qué bajo han caído, más cuando se desbordan las aguas por los huracanes hasta a la altura de los muslos, recorriendo regiones inundadas y antes abandonadas por la aristocracia emeritense con tal de sacarse la foto!
La Anécdota
Sin duda, Andrés ha sido la persona de mayor edad en el ejercicio de la Presidencia. Al retirarse supuestamente de Palacio tenía 71 años, dos más que aquel a quien llamaron “el viejo”, Adolfo Ruiz Cortines, el célebre veracruzano quien llegó con 63 a la Primera Magistratura –AMLO tenía 65 cuando arribó al Palacio Nacional- y, por cierto, fue sucesor de uno de los más jóvenes mandatarios, Miguel Alemán Valdés.
El hecho es que el mundo, supuestamente trabajado para los jóvenes, ha visto envejecer a sus líderes. Putin tiene un año más que Andrés, el anaranjado Trump está instalado ya en los ochenta a partir de hoy y su sucesor, Joe Biden, con metástasis, rebasaba los mismos años al retirarse. Y si mencionamos al gran Pepe Mujica, ex mandatario de Uruguay, senador luego de un mandato presidencial impecable, tenía 91 años a la hora de su muerte. ¡Y no hablemos de lo que se llevó el viento: los 96 de la Reina Isabel cuyo cortejo fúnebre fue casi tan largo como su reinado! ¡O de los cien alcanzados por Echeverría, quien fue encerrado por sus hijos en un cuartucho, hasta que falleció! Lo perdió todo a manos de los zopilotes familiares y su muerte hace poco menos de un año fue el remate.
Al respecto, con la música de “Allá en el Rancho Grande”, me atrevo a explorar una nueva letra para el cancionero mexicano:
“No es una cuestión de edades
sino de capacidades”
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E-Mail: loretdemola.rafael@yahoo.com
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