Por Raúl González Nova
El desconocimiento —o la amnesia selectiva— del presidente municipal de #AlmoloyaDeJuarez #AdolfoSolísGómez quedó en evidencia en un reciente comunicado difundido desde su propio aparato de comunicación oficial, donde intenta vender como “logro histórico” la rehabilitación de un pozo que llevaba, según su versión, 25 años en el abandono.
La nota titulada “Almoloya de Juárez reactiva pozo en Yebuciví tras 25 años” presume la rehabilitación del Pozo 1 en Yebuciví como una obra estratégica para mejorar el abasto de agua potable en comunidades del norte del municipio, beneficiando a zonas como Yebuciví Centro y Barrios, El Santito, Casa Nueva, Río Frío, El Jacal y La Lagunita, bajo la coordinación del OPDAPAJ.
Hasta ahí, el discurso institucional suena bien. El problema surge cuando el propio comunicado desmiente la narrativa oficial.
Hablar de un rezago de 25 años implica borrar deliberadamente del mapa político a quienes gobernaron Almoloya de Juárez en ese periodo. Entre ellos, el propio Adolfo Solís Gómez, quien fue presidente municipal entre 2016 y 2018, así como Blanca Estela Gómez Carmona, su madre, quien encabezó la administración municipal de 2009 a 2012, además de otros alcaldes que también formaron parte de ese supuesto “abandono histórico”.
Es decir, en su intento por colgarse la medalla del presente, el alcalde termina pisándose su propia historia política y, de paso, la de su familia. Tanta crema quiere ponerle a sus tacos que olvida que él mismo ya estuvo en la cocina.
Más aún, resulta contradictorio que hoy, vestido con los colores de Morena-PT-PVEM, Solís Gómez pretenda convencer a los almoloyojurenses de que “nadie hizo nada” en el pasado, cuando ese pasado también lleva su nombre.
La rehabilitación de infraestructura pública siempre será necesaria y bienvenida. Lo cuestionable no es la obra, sino el discurso triunfalista que intenta reescribir la historia, como si la memoria ciudadana fuera tan frágil como para no recordar quiénes ya gobernaron y cuándo.
En política, a veces el peor adversario no está enfrente, sino en los propios comunicados oficiales.

